Madres que trabajan

Por: Alejandra Bernal


Como todos los días, Isabel inicia su jornada desde las cinco de la mañana. La rutina es un baño rápido, arreglarse, tener listo el desayuno y levantar a los niños, prepararlos para la escuela y salir rumbo a la oficina. Llegar con el tiempo medido para cumplir con las 8 horas de trabajo remuneradas, pero siempre al pendiente de lo que se necesita en su hogar.

De regreso a casa, luego de un ligero pestañeo en el transporte público, como si fuera una lista de supermercado, repasa mentalmente lo que le falta para completar el día: recoger el tiradero, supervisar las tareas escolares, adelantar la próxima comida y el lunch antes de irse a dormir. Con este ritmo hay muchas mujeres que llegan a trabajar hasta 14 horas diarias.


Los datos

En nuestro país, quince millones 785 mil madres trabajadoras se encuentran en la misma situación que Isabel. A pesar de que aman a su familia y les gusta su trabajo, algunas pueden ser víctimas del síndrome de Burnout, también conocido como estrés laboral. De seguir esta tendencia, para el año 2030 habrá una notable deserción laboral por esta causa si no se toman medidas, refiere la Organización Mundial de la Salud.

Un dato más, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), señala que las mujeres mexicanas son las que más trabajan de todo el continente ─de acuerdo con el número de horas trabajadas por país en América Latina─, al cubrir a la semana un promedio de 74.4 horas, de las cuales 50 las destinan a actividades no remuneradas como el cuidado del hogar y de personas.

Este trabajo no remunerado que realizan las mujeres en México representa el 23 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), lo que significa un subsidio invisible a la economía nacional, según el informe de la Cepal.

De esta manera, el factor económico y la salud van de la mano cuando se trata de la participación de la mujer en el mercado laboral. Frente a este panorama, es urgente que los gobiernos y organismos laborales implementen políticas públicas encaminadas a mejorar la situación de este sector de la población.

En los últimos años se ha incrementado la cantidad de mujeres que no necesariamente bus- can sólo la autonomía económica, sino desarrollarse profesionalmente sin descuidar las tareas de la casa, ¿pero a qué costo?, ¿cuáles son las consecuencias de estas jornadas de trabajo?

Sin duda uno muy caro, pues este ritmo de vida, a la larga, llega a menguar la salud: prolongar las horas de trabajo genera problemas como el estrés, falta de sueño, depresión, aumento o pérdida de peso, ansiedad, problemas cardiovasculares, problemas musculares e incluso problemas cerebrales.

Otro gran problema al que se enfrentan las mujeres radica en el manejo del sentimiento de culpa que se produce al considerar que no se les dedica el tiempo suficiente a los hijos.


Hay alternativas

Ante las dificultades que generan las dobles jornadas podemos tomar algunas medidas que mejoren la situación:

1.         Promueve la participación de todos los miembros de la familia. Explícales que es muy pesado para una sola persona hacerse cargo de tareas que benefician a todos. Los niños desde muy pequeños pueden hacerse cargo de labores meno- res, con mayor razón los mayores y la pareja. Generar un ambiente sano y de colaboración ayudará a crear buenos hábitos en los hijos.

2.         La organización es muy importante. Puedes hacer un plan semanal que involucre a todos los integrantes de tu entorno en tareas como cocinar ─para toda la semana─, lavar y doblar la ropa, ir al mercado o hacer limpieza.

3.         Dedica a los hijos tiempo de calidad. Esto quiere decir que el tiempo que pases con ellos sea de colaboración, cariño y algo de diversión. Un domingo en el parque o una tarde con un juego de mesa pueden hacer la diferencia si se convierte en un hábito.

4.         Y nunca, nunca olvides darte un tiempo para ti: visitar a una amiga, acudir a las revisiones de salud anuales o simple- mente descansar.