Carmen Serdán, ejemplo de valor y convicción

Por: Alejandra Bernal


Los primeros rayos del sol irradiaban en la hermosa ciudad de Puebla aquel 18 de noviembre de 1910, cuando de pronto desde la azotea de una bella casona se escuchó, como estruendo, la voz de una mujer, quien conminaba a los transeúntes y pueblo en general a levantarse en armas en contra del mal gobierno.

“¡Mexicanos, basta de vivir de rodillas, la libertad vale más que la vida!¨, fueron las primeras palabras de aliento emanadas de la garganta de Carmen Serdán, que dieron impulso a la Revolución mexicana.

Enarbolando la bandera nacional, desde lo alto de su residencia, convencida de que sólo mediante las armas podría combatirse y derrotar la sangrienta dictadura que encabezaba Porfirio Díaz, quien para entonces ya había acumulado más de tres décadas en el poder.

Y aunque no era una mujer de gran estatura, su figura y su voz resaltaron desde las alturas de su casa llamando a tomar las armas, portando en su mano derecha una carabina 30-30, con la que recibió a los soldados federales, que a los pocos minutos arribaron al sitio para tratar de acallar su voz Marcos Serratos era el seudónimo que Carmen Serdán utilizaba para firmar sus artículos que aparecían en el diario clandestino.

No Reelección, órgano informativo que servía como medio de propaganda y para la compra y distribución de armas y explosivos entre los miles de pobladores que de inmediato se sumaron al llamado revolucionario de los hermanos Serdán.

Carmen Serdán Alatriste nació en una familia poblana -con gran tradición política- en 1875, siendo la mayor de tres hermanos, queda huérfana de padre a la edad de 7 años. Su madre, ya viuda, se hizo cargo de sus tres hijos, por lo que Carmen tuvo mayor responsabilidad con sus hermanos.

Junto con su hermano Aquiles funda el Partido Antirreeleccionista, desde donde llevaban a cabo la lucha revolucionaria en contra de Porfirio Díaz.

Entre armas, luchas y planes para derrocar el mal gobierno transcurrió su vida hasta lograr el triunfo. Durante el proceso revolucionario se desempeñó como enfermera, profesión que ejercía en diversos hospitales. Cabe agregar que, en la actualidad, por cierto, su casa sirve ahora como el Museo de la Revolución Mexicana en Puebla. Sirva la presente como un homenaje a Carmen Serdán, mujer valiente, audaz e inteligente, como muchas otras que ofrendaron su vida a la lucha revolucionaria para damos un pedacito de patria.